En muy pocos días, de repente horas, el país quedará noticiado del indulto presidencial concedido al delincuente Alberto Kenya Fujimori y el autor, el saliente mandatario Alan García Pérez, procurará por esa vía, la impunidad y blindaje contra investigaciones y cuestionamientos que no puede suministrarle su representación parlamentaria que apenas si llega al ridículo número de 4 integrantes.

Para ello no hesitará en mostrar cualquier antecedente de indulto que hubiera impartido el jefe de Estado. Son muchas las pruebas que indican que en volutas y cabriolas en Perú hay pocos que superen al que se va. En un país en que el cinismo reemplaza la buena fe y la decencia a riesgo del envilecimiento público y el desmoronamiento de cualquier señal de limpieza, se pretende mostrar como médico y bondadoso lo que no será sino un pacto para apoyarse mutuamente y continuar la alianza, entre el 2011-2016, que signó el accionar de esta administración. Do ut des, que le llaman.

Sectores hay a los que se “educó” en el toma y daca, recibían pero a cambio de apoyo y respaldo. ¿Qué fue el reparto repugnante de canastas con víveres que hizo en la campaña electoral de primera y segunda vuelta, la señora Keiko Fujimori? ¿Trigo limpio? Me temo que el asunto da para muchos análisis, todos los cuales parten de una premisa esencial: ella era parte de la corrupción. Ojalá que el nuevo Congreso acometa lo que el Poder Judicial no pudo en este gobierno: la investigación a fondo de los dineros usados por los cuatro hermanos Fujimori en sus estudios en el extranjero. Y es un asunto de absoluta limpieza y sanidad.

El teatro barato protagonizado por el interno Alberto Fujimori y sus adláteres para apisonar el camino al indulto del señor presidente Alan García Pérez, pareciera haber rendido sus frutos que no deberán sorprendernos. La sentencia popular dice: cuando el río suena, es porque piedras trae. Lo que sí resulta monstruoso es que se pretenda convertir las supuestas obras y logros de ese decenio dictatorial en “razones” suficientes para liberar a quien representa uno de los picos superlativos de corrupción, latrocinio y crimen en el Perú de todos los tiempos.

La consuetudinaria debilidad de las instituciones es un rango muy bien medido por los que orquestan el indulto “por razones humanitarias” a Kenya Fujimori. Los partidos no existen, hay clubes electorales y conjuntos humanos que sintonizan en estados de ánimo protestante y con sed de justicia, pero se carece de acción orgánica, presencia masiva en los pueblos y decisión política de pelear en todos los espacios.

Que no parezca insólito que el que se va apele a un indulto anterior y que manosee a su protagonista. Poco o nada importan asuntos humanos a quien sólo ve su porvenir y que ha dado demostraciones letales de cómo se destruyen obras humanas, verbi gracia: el señor García Pérez destruyó al Apra, lo convirtió de partido de cuadros valientes en mercenarios entrenados en saquear todo a su paso, como las langostas. Después de 30 años, poco o nada existe de lo que antaño fuera clarín de revuelta, esperanza militante o grito de guerra contra la oligarquía.

¿Y qué actitud asumirá el jefe de Estado entrante, Ollanta Humala? Considerando que el interno Alberto Fujimori fue sancionado por delitos de lesa humanidad, el lente sólo apunta al repudio y a la revocatoria. Veamos qué ocurre.

¡Atentos a la historias, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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