Siguen viviendo, vastos sectores, confiscados sus cerebros a lo que se hace, se dice o se piensa fuera del Perú. Lo de allá es “referente”, lo de acullá, “patrón”. Si en Estados Unidos se dice: step aside, paso al costado; o lame duck, pato rengo, en estos pagos hay que equiparar tales circunstancias con la ocurrencia criolla. Como en otras latitudes se considera que una centena de días es suficiente para evaluar a un gobierno, entonces, la prensa, los políticos, los grandes “formadores de opinión” todos al unísono y en infeliz demostración de irredimible colonialismo mental, proclaman que el presidente Humala debe hacer un “balance” de esa minucia de lapso.

Procuremos, algo que en Perú es muy comprometedor, decir lo correcto: 100 días es un período cortísimo, minúsculo, insuficiente para cualquier gobierno, sobre todo conociendo el Ich zeit, tiempo subjetivo, de la burocracia nacional que determina qué leyes son buenas y si son aplicables; buenas y al tacho de basura porque hieren muchos intereses creados; malas y con vigencia porque favorecen a grupos plutocráticos; o, en general, la toma del tiempo que a ellos parece que debe ser la puesta en vigencia de los acuerdos de cualquier administración. ¿No hay acaso leyes que carecen de realización por falta de reglamento y dificultades similares?

El hombre es el estilo. Y eso pareció insuflar el hoy presidente Ollanta Humala en su campaña. Y tuvo éxito pues logró vencer, por margen pequeño como en cualquier contienda entre dos, a la señora Keiko Fujimori el 5 de junio. Sin grandilocuencia oratoria, huérfano de las capacidades actorales de otros, Humala persuadió. ¿Por causa de qué se deja convencer ahora de asuntos tan triviales como el de los tan mentados 100 días? Poco es lo que se puede decir y así ha sido, más allá de la repetición de las ofertas de campaña o uno que otro atisbo en dirección correcta.

En cambio, luego de larguísimas y tensas semanas, recién el domingo el presidente Humala dio opinión sobre el caso Chehade que no poco daño hace a su gestión. ¿Qué clase de reflejos son los que gobiernan en la intuición del jefe de Estado? ¿no debió haber puesto a los trebejos en su sitio para que asuman su responsabilidad decantada en juicio con el debido proceso? No pocos han anticipado que hay coerción o chantaje. Si así fuere basta con preguntar: ¿dónde están los pantalones? ¿O se cree que el país apoyaría a cualquier extorsionador palurdo amenazando al primer ciudadano contribuyente de la Patria? To be or not to be es una sentencia para recordar siempre.

El barullo que el chisme trocado en “conciencia política”, sólo genera estupidez a raudales. Los grandes temas de la agenda nacional: gas, contencioso con Chile en La Haya, integración política y económica con otros países, desarrollo con soberanía nacional y, sobre todo, soberanía popular, quedan al margen por la simple razón que se induce a pensar más en crímenes, violaciones, masacres y en plazos que no se condicen con la realidad peruana pero sí distraen lo suficiente como para que la gente pierda el horizonte.

Con semejante cúmulo de aberraciones no es tan difícil de comprender cómo la gente no se asombra por el descrédito incesante del Congreso, su ineficacia e ineptitud consuetudinarias. No se sabe si con el cese de más de 130 empleados, algunos de ellos con más de 20 años de servicios ininterrumpidos y el juicio a ex oficiales mayores, podríase arreglar algo que ya denunciaba don Manuel González Prada.

El vivir de prestado, tomando moldes ajenos, palabras raras, arquetipos foráneos de otros grupos sociales, sólo puede producir intelectuales que se venden al mejor postor, “formadores de opinión” a quienes la faltriquera resulta como el mejor sonar de sus vidas o políticos de quienes sólo se espera mediocridad durante cinco años hasta que vengan otros. Hasta peores que los anteriores. El colonialismo mental es una tara que inhibe de pensar por nosotros mismos. Ni la globalización ha podido con aquella.

100 días y la estupidez, no hay duda, un matrimonio de conveniencia pero con pronóstico anticipado para los que esta barbaridad crean. Así de simple.

¡Atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

¡Sólo el talento salvará al Perú!

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