En los años 70, el mismísimo Haya de la Torre repartía volantes con una inscripción sobresaliente: ¡Dile NO a la droga maldita! y avituallaba a los presentes con decenas o cientos de estas hojas de difusión con su mandato inapelable de repartirlos urbi et orbi. Hacía patente su condena categórica, pétrea, a los estupefacientes, a sus mercaderes y a toda una mecánica que casi ha destruido países enteros, sumido a sus juventudes en la pobredumbre y, sin duda, llenado de dinero a inescrupulosos gobernantes.

Perú entero ha tomado conocimiento cómo la administración del ex presidente Alan García Pérez liberó a más de 5 mil delincuentes relacionados con el narcotráfico. El gárrulo disfraz de haber promovido el "deshacinamiento" de las cárceles, es un insulto y monserga, una más, de las que pronuncia el Patrón del Mal. Y que torcidos sentenciados por el repugnante delito, integraran la comisión de indultos, equivale a nombrar a Vladimiro Montesinos como ministro de Etica y Honradez del país.

La catástrofe moral del alanismo es evidente, terminal, cancerosa. Ningún discurso de un orador vacuo, mentiroso y sin pizca de remordimiento, es capaz de barnizar lo que es un escándalo de ribetes cataclísmicos para los integrantes de taifas delictivas alrededor del ex mandatario.

No es todo.

En la remodelación de los colegios emblemáticos, se contrabandeó, en una Fe de Erratas y por más de S/ 200 millones de soles, al Estadio Nacional que no es colegio y carece de alumnos y el decreto de urgencia lleva la firma de Alan García Pérez. El legislador Sergio Tejada anunció apelación contra el controvertido archivo decretado por la Fiscalía de la Nación del fétido caso. Es hora de encontrar, sindicar, individualizar y sancionar a los responsables y hay prisa por ¡meter tras las rejas, a los criminales!

He dicho varias veces que alanismo es algo distinto al aprismo.

"Hay razones potentes y sobradas para distinguir la doctrina creada por Haya de la Torre, el aprismo, de la degeneración de logreros que una vez instalados en la maquinaria estatal, trocaron en expoliadores y comisionistas de todos los negociados posibles. El mandato se convirtió en la maldición que previó Víctor Raúl en su carta desde San Lorenzo el 3 de octubre de 1923 cuando admonizaba contra los que hacen de la política vil negociado culpable. Y así ha sido y hay responsables que obedecen no a los llamados ideológicos y sociales sobre los cuales se construyó un partido que antaño fuera señuelo, jaculatoria y trompeta de lucha contra los poderosos y que en los días actuales pelea contra una agonía, no sabemos si unamuniana, o terminal. El alanismo, la exaltación o endiosamiento en singular de un personaje, el Midas al revés de que habla César Hildebrandt, es una tara envilecida y oliente a los peores vicios de la tragedia del pisco y la butifarra. Sus protagonistas, mercenarios a quienes se paga los servicios para mantener la impostura y la farsa. En aquel sainete brilla el dinero que compra conciencias y abate pobrezas, pero ausente está el proyecto histórico, la lucha por la soberanía geopolítica que no tiene sustento sin soberanía popular ni identidad nacional con ideas claras, revolucionarias y democráticas. Lo escrito en Liberación antes que envejecer retrata pioneramente lo que la ciudadanía critica: la corrupción. Nadie puede confundir alanismo, episódica trapisonda capaz de mangonear cualquier congreso o cita partidaria con el antiguo edificio que Haya construyó. Leamos. (1-2-2010) ¡El aprismo es aprismo, no alanismo! http://www.voltairenet.org/article1...

¡Por sus obras les conocereis!

Y la catástrofe moral del alanismo debiera ser repudiada por toda la ciudadanía, entre ellos, los militantes apristas que miran acongojados la tragedia cívica de una colectividad que por largos años fue esperanza de redención revolucionaria.

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