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En mayo de 2016, el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, y el primer ministro ‎rumano, Dacian Ciolos, visitaban la base militar de Estados Unidos en Deveselu (Rumania). ‎

Todo comenzó cuando Radio Free Europe (financiada por el gobierno de Estados Unidos), ‎difundió en rumano una entrevista exclusiva con el analista militar ruso Pavel Felgenhauer ‎‎ [1]. Este señor es bioquímico y no tiene formación militar, sólo es un periodista ‎proestadounidense que trabaja desde Rusia. ‎

La entrevista, donde a Pavel Felgenhauer le hicieron decir que los misiles Kinzhal de los aviones rusos MiG-‎‎31K están concebidos especialmente para atacar Rumania, país que alberga instalaciones del ‎‎«escudo antimisiles» estadounidense, es sólo una fake new. ‎

Mediante los medios de difusión serviles y personas que los servicios de inteligencia rumanos, a las órdenes de sus homólogos de Estados Unidos, han emplazado en ciertos puestos, esa ‎información falsa fue divulgada y amplificada para provocar una verdadera histeria en Rumania, ‎donde la prensa acusó enfáticamente a Rusia de estar a punto de atacar el país. ‎

Personalmente, albergo la convicción de que los rumanos no tienen nada que temer, convicción ‎que ha sido confirmada por el embajador de Rusia en Bucarest, Valery Kuzmin. ‎

En efecto, Rusia no utilizará ningún misil «Kinzhal» con carga nuclear para atacar Rumania. ‎Este misil hipersónico está concebido para neutralizar blancos móviles, como grupos de asalto ‎naval conformados alrededor de los portaviones estadounidenses, objetivos mucho ‎más importantes que la instalación de Deveselu. ‎

Veamos con calma cómo se desarrollaría la «agresión» rusa imaginada por la prensa ‎rumana. ‎

El sistema antibalístico estadounidense está instalado en la región rumana de Deveselu. Entre ‎la costa del Mar Negro y Deveselu, el terreno es llano y sin obstáculos. Entre Crimea y el litoral ‎rumano hay entre 220 y 310 kilómetros. Rusia tiene instalados en Crimea entre 4 y 8 sistemas de ‎defensa antiaérea del tipo S-400, capaces de derribar objetivos aéreos a 380 kilómetros. ‎

En las montañas de Crimea, a más de 1 500 metros de altitud, hay radares detectores de alta ‎sensibilidad. Esos radares pueden seguir 300 objetivos aéreos (aviones, helicópteros, misiles ‎crucero y misiles balísticos) en las direcciones del Bósforo y los Dardanelos. Seguir un misil ‎‎«Tomahawk» que vuela a 800 kilómetros por hora sobre el mar o la llanura rumana resulta ‎muy fácil. ‎

Los batallones de S-400 desplegados en Crimea están conectados a una red de gestión ‎automatizada del espacio aéreo llamada Polyana D4M1, junto a otros sistemas de misiles de ‎alcance medio y corto. Polyana D4M1 recibe información del lanzamiento de cualquier misil ‎‎Tomahawk desde Deveselu, información que también recibirá de un avión A-50 (equivalente ‎ruso de los aviones AWACS estadounidenses). En 2019, Rusia comenzará a operar una nueva ‎estación de radar ubicada en Sebastopol, con un radio de acción de 2 500 kilómetros y ‎capacidades de alerta rápida. ‎

Conclusión: Rusia no necesita atacar la instalación de Estados Unidos en Deveselu, ni siquiera ‎en caso de que esta última estuviese dotada de misiles crucero del tipo Tomahawk porque, ‎desde el instante mismo de su lanzamiento contra objetivos rusos, esos misiles serían detectados, ‎vigilados permanentemente durante su vuelo y derribados en cuanto estén fuera de las aguas ‎territoriales de Rumania. ‎