Dentro del comportamiento de grupos delincuenciales, podemos encontrar dos claramente diferenciados. El primero corresponde a las actitudes y comportamientos de los integrantes de grupos marginales: llámese ellos barras bravas, pandillas, etc. Existe sin embargo, un segundo grupo, estos sí, muy bien insertados en el sistema, quienes también adoptan actitud de patota, collera o cofradía, pero quienes, a diferencia de los primeros, realizan su quehacer cuasi delincuencial, basados estrictamente en su interés personal y de grupo. Profesan, además, un arte antiguo, en el cual siendo injustos y delincuentones, pasan ante la vista pública como gente justa y proba. Estos son los oenegistas reciclados o bien llamados por algunos comentaristas con bastante agudeza, los oenegistas caviar.

Ambos grupos operan con el llamado amiguismo peruano, actitud que se da en ambas colleras indistintamente; si bien que en la primera es francamente estrepitoso y hasta peligroso (porque las actitudes y accionar podemos observarlas, no sólo en el comportamiento de manadas, colleras y patotas violentistas en el orden marginal, generalmente se da, como decíamos, en grupos marginales, los cuales pueden atentar contra algunos transeúntes desprevenidos de la existencia de un clásico del fútbol y es un daño sólo puntual. El accionar de estas barras bravas es uno carente de pensamiento programático y más bien cargado de los exabruptos realizados por los miembros no pensantes de la collera, grupete, barra brava, etc. Este comportamiento de barra brava, que, ciertamente es indeseable, se puede explicar (aunque no justificar) hasta cierto punto, en términos psicológicos como una patología suscitada en masas generalmente carentes de conocimientos, luces y en cambio llenas de ignorancia y frustración.

Las barras bravas, las pandillas, cometen sus fechorías sin un pensamiento mayor que el de la búsqueda ciega de la satisfación de una sed de violencia motivada y explicable en términos de carencias emotivas, exaltación alienada de identidad, (matan o patean a otros dizque por el equipo de su preferencia).

Las pandillas de oenegistas caviar, o sea el segundo tipo de pandilla, a diferencia de las primeras de las barras bravas, se encuentran muy bien insertadas en sus ONGs que afirman son "en beneficio de la sociedad" según sus terminos y se diferencian de las primeras para empezar en el atuendo (suelen usar saco corbata) y moralmente a diferencia de los primeros, no tienen atenuante alguno. Son peores y más peligrosos que los primeros, porque sabiendo exactamente qué hacen, lo hacen y de modo interesado, con ventaja y alevosía, han optado por tener un discurso y un comportamiento ad hoc para el sistema neoliberal vigente (sistema egoísta y pernicioso para las mayorías) y se oponen sutil y discretamente a las ideas que otrora dijeron postular o que alguna vez dijeron profesar y ahora adecúan oportunistamente su accionar y su discurso a las ganancias de los dólares de sus ONGs. Estos son los oenegistas caviar o los así llamados oenegistas reciclados.

El reciclaje de estas patotas los ha llevado a tomar actitudes que podríamos caracterizar de la siguiente manera (como una suerte de decálogo):

1) No cuestionar ni chocar frontalmente con el sacrosanto sistema capitalista ni con la economía neoliberal ni con el mercado más que en puntos tangenciales e inofensivos, que sean absolutamente inocuos para sus ganancias y para el mismo sistema.

2) Virar y haber virado, sutil o descaradamente (depende del oenegista en cuestión), en el discurso hacia uno que sea "aceptable" y estimado por el establishment y por los patrocinadores de ONGs.

3) Mantener una doble actitud al hacer la "crítica". Criticar al Estado frente a cámaras como "grande", "anticuado" (pero no demasiado) y para poder participar en todo tipo de prebendas y "asesorías" de pingues como jugosas ganancias, etc.

4) Hacerse "oportunos" e "indispensables", sea para el gobierno de turno y para el Estado también, vendiendo sus servicios como "asesores", "analistas", etc.

5) Tildar a grupos que no se han vendido como ellos de "tradicionales", para diferenciasrse de éstos como que ellos sí son "modernos".

6) Cobrar su sueldos puntualmente al Estado "ineficiente", el cual "necesita de ellos" en "dólares", vía sus diversas ONGs y hacerse rentar por las diferentes instituciones.

Entre las metas de las pandillas de reciclados figura :

1) Llegar al Congreso como parlamentario

2) Llegar a un ministerio como "asesor", "analista" u ostentar discretamente algún cargo de confianza.

En todo caso, alcanzar algún cargo de poder, mientras van extrayendo por medio de sus ONGs (inocuas para el sistema) las ganancias que les permitirán trepar un poquito más en el escalafón de su sinverguencería.

Estas patotas, si alguna vez tuvieron alguna idea de cambiar la sociedad con un discurso, ahora ven cómo sobrevivir mediante los recursos del Estado.Tampoco actúan solos, siempre están en manada.

Sobre nuestra pregunta inicial: ¿quién o quiénes hacen más daño, los barras bravas o los Oenegistas caviar? Pensamos sin lugar a dudas que los Oenegistas reciclados. Ello debido a que el daño que este segundo grupo de patotas realiza es de más largo alcance, se comete con alevosía y ventaja y cononocimiento de lo que hacen. Por ello, los peruanos deberíamos estar alerta ante esta plaga que recorre los tejidos de la epidermis del país, los cuales parasitan cual ácaros imperceptibles en los cargos y dineros del fisco y por ello, aunque casi invisibles, son sumamente dañinos y de mayores y lamentables consecuencias para todos.