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Dos espías británicos en el momento de entrar en la gruta.

Hoy jueves personal anfibio del Ejército mexicano finalmente rescató a los seis espeleólogos militares británicos que quedaron atrapados por el ascenso del agua de lluvia, en una caverna inundada del Sistema Alpazat, cercano a Cuetzalan, Estado de Puebla, donde se presume la existencia de minerales radiactivos. Los seis militares ingresaron en México en calidad de turistas y por dedicarse a una actividad no turística las autoridades migratorias han anunciado que se harán acreedores a una multa.

Vijay Rangarajan, consejero de la legación del Reino Unido llegó la noche del miércoles a Cuetzalan y dijo que está dispuesto a dar explicaciones al gobierno federal sobre las actividades del grupo de turistas. Rechazó el rumor de que la incursión de los espeleólogos tenga que ver con un proyecto relacionado con armas nucleares.

El consejero dijo además que la misión de los turistas es de carácer civil y que las autoridades mexicanas competentes estaban enteradas de la expedición y por ello se contaba con todos los permisos necesarios. Como prueba de que los espeleólogos son civiles mencionó el diplomático que todos forman parte de la Asociación de Espeleología de Servicios Conjuntos (CSCA), a la que pertenecen docientos ex miembros de las fuerzas armadas británicas.

Los militares mexicanos encargados de la misión de rescate tuvieron que esperar a que el nivel del agua bajara para poder llevar a cabo las tareas de rescate.

Es evidente que ya las autoridades británicas y las mexicanas llegaron a un acuerdo para informar sobre la naturaleza de la misión del grupo de espías. Con seguridad se intentará minimizar el objetivo de la misión, una prueba más de que los servicios de seguridad nacional del Estado mexicano y el Ministerio del Interior (Gobernación) tienen una limitada concepción de la función del espionaje en el presente. El tratamiento anunciado por las autoridades migratorias que recibirá el incidente, como una falta a la Ley de Población, pone al descubierto su limitada capacidad para acometer situaciones complejas.

El espionaje británico en México es activo desde la primera mitad del siglo XIX, cuando ese país estaba preocupado sobre la capacidad del pago de la deuda que los gobiernos liberales tenían contraída con la banca inglesa. El espionaje se intensificó en la Primera Guerra Mundial a raíz del estallido de la Revolución cuyas hostilidades podrían haber interrumpido el dominio de las empresas anglosajonas sobre los campos petroleros. Las vísperas de la Segunda Guerra Mundial el espionaje británico en México se intensificó cuando el presidente Lázaro Cárdenas nacionalizó el petróleo en 1938 y había el riesgo de que se exportaran hidrocarburos a Alemania.

Ahora el monitoreo anglosajón está colocado entre los dispositivos «autonómicos» étnicos y religiosos para el control del petróleo, del agua dulce y los minerales estratégicos que son abundantes en la zona del Istmo de Tehuantepec. En lugar de que el gobierno mexicano haga valer su soberanía sobre la zona, está sumergido en la corrupción y se olvida de activar los sistemas de seguridad del Estado.