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Ante un cuadro de catástrofe social, oficiales y soldados de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en su mayoría brasileros, que ocupan el país desde junio de 2004, pasan en jeeps con tracción en las cuatro ruedas, impecablemente limpios y blindados. Los vehículos parecen cucarachas tontas: dan vueltas en redondo, realizan idas y vueltas por las grandes avenidas, se quedan parados por algunos instantes. Y se van.

Tal vez en gasolina hayan gastado los 25 millones de dólares enviados cada mes. “Vinieron para la estabilización democrática de Haití, dicen, pero parecen estar de paseo, como si estuviesen de vacaciones”, denuncia el economista Camille Chalmers, de la entidad Plataforma Haitiana por la Defensa del Desarrollo Alternativo (Papda).

El día 14, decenas de militares de la ONU participaban de una “misión” de alta responsabilidad y elogio: tomaban sol y baños de mar en Cayes Jacmel, en el sudeste del país. Como dijeron al reportaje de Brasil de Fato, por motivos de seguridad impedían la entrada de la población local en la playa. Algunos habitantes, entretanto, conseguían llegar hasta los soldados y les pedían limosna. La respuesta: el silencio. Los militares ni miraban a los haitianos que los abordaban. En su mayoría, los soldados eran brasileros.

Nueva sociedad

Se multiplican en todo el territorio haitiano pequeñas organizaciones. A veces con no más de 10 a 15 integrantes. No tienen línea ideológica claramente definida. No tienen vínculo con el gobierno, cuyo idioma - entre otras cosas - no entienden. Tampoco tienen ligazón con grupos políticos tradicionales. Son asociaciones de habitantes, grupos de desempleados, sindicatos, movimientos de campesinos, de mujeres, de estudiantes. Su principal característica es agrupar una categoría que lucha por la mejora de las condiciones sociales.

En muchas ciudades, las pequeñas asociaciones se unen, como fue el caso en Cap Rouge, en el sudeste del país, donde grupos de campesinos sumaron fuerzas y crearon la organización Viva la Esperanza por el Desarrollo de Cap Rouge (Vedek).

En reuniones semanales, los trabajadores discuten los problemas de la comunidad, presentan soluciones, analizan la política local y nacional y hablan de la posibilidad de agregar otros grupos a la organización.

Vedek cuenta con miles de integrantes, casi todos los campesinos de la comuna. Y espera crecer, como dice Emmanuel Joseph Sanon, de la coordinación de la organización: “Un día, podremos tener un movimiento campesino regional, representando a todo el sudeste de Haití, y después, un movimiento nacional”.

Adital