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El actual Gobierno de Venezuela logró que la Organización de Estados Americanos (OEA) dejara de ser un sindicato de colonias, revisara su agenda y cambiara el concepto de democracia que prevalecía en su seno, aseguró el embajador venezolano ante ese organismo hemisférico, Jorge Valero.

“Gracias al gobierno bolivariano la OEA empieza a ser otra, y su agenda está siendo sometida a revisión y relanzamiento”, afirmó Valero durante el acto de instalación en Caracas de la IV Cumbre de la Deuda Social, organizada por el Parlamento Latinoamericano (Parlatino).

Según el embajador, las “doctrinas predominantes” en el organismo hemisférico a inicios del milenio que lo convirtieron en un “sindicato de colonias”, como lo definió en la década de los 60 el presidente cubano Fidel Castro, están siendo modificadas gradualmente gracias a los aportes del gobierno bolivariano que rige hoy en Venezuela. Entre esos aportes destacó la novedosa Carta Social de las Américas que, impulsada por el Parlamento Latinoamericano, defiende una serie de derechos sociales para todos los habitantes del continente, como un documento en estudio que complementa los derechos políticos establecidos en la ya vigente Carta Democrática Interamericana.

“La Carta Social está cambiando el panorama ideológico de la OEA”, sostuvo el diplomático. Esa carta precisamente es uno de los principales temas que debate la Cumbre Social de Caracas.

Valero consideró que esa Carta Social, presentada oficialmente ante la OEA a fines del 2004, contiene “una visión más integral y multidimensional de la democracia” que la expuesta en la Carta Democrática, aprobada en septiembre de 2001.

Esa Carta Social propugna que no puede haber democracia sin justicia, ni igualdad social.

Por otra parte, el diplomático aseveró que la Carta Democrática, al momento de su estudio y aprobación, intentó sin éxito “contener el proceso bolivariano” de cambios que se adelanta en Venezuela.

Valero afirmó que la primera versión de la Carta Democrática propuesta en el seno de la OEA y que la delegación venezolana logró abortar, “era un proyecto punitivo, excluyente, represivo y sin alma social”.

El proyecto definitivo de esta Carta fue suscrito por Venezuela, aunque con objeciones, entre ellas a la no inclusión del concepto democracia participativa y protagónica.