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Eso es digerible cuando los principios fundamentales no están en juego. Todo tiene un límite, o debe tenerlo. La adhesión a un grupo de trabajo, incluidos quienes firman los cheques, es razonable pero en modo alguno puede transgredir los límites de la conciencia, a menos que simplemente no se tenga conciencia.

Los acontecimientos de estos últimos días respecto de la presunta autoría intelectual del crimen de Danilo Anderson han abierto una ventana a las miserias y la dignidad humanas, según el caso. Al ser imputados personajes poderosos, como Nelson Mezherane, banquero y accionista de Globovisión, televisora cabeza incuestionable de la conspiración permanente contra el proceso revolucionario bolivariano, el resorte de la dignidad de sus periodistas y asalariados ha sido puesto a prueba en forma crítica, una vez más.

Digo una vez más, porque la actuación de estos periodistas, casi sin excepción, ha sido de un impoluto rastrerismo desde aquellos días de finales de 2001 cuando tuvieron la responsabilidad de preparar un golpe de estado del que siempre tuvieron conocimiento y se mantuvo invariable ante los crímenes del 11 de abril, los episodios del septiembre negro, octubre rojo, la plaza Altamira, el criminal sabotaje petrolero, las guarimbas, la campaña de las firmas y así hasta estos días, sólo qué, esta vez en niveles de tensión mayor.

Un crimen tan monstruoso que habría de conmover aún los espíritus más gélidos. Un crimen inaceptable, intragable, un crimen frente al cual, el altar de las solidaridades peseteras debería resquebrajarse so pena de sentir como lo humano se ausenta para dar paso a la naturaleza de la hiena. ¿Qué hacer?, supongo que al menos debieron preguntarse en la intimidad del duermevela. ¿Guardar prudente distancia?, ¿Utilizar la profesión como honda en defensa del jefe?. ¡La conciencia!, ¡Ay, la conciencia!, ¿Cuánto vale la conciencia?. La respuesta a estas preguntas nos la hicieron conocer a todos, no sin un sentimiento de pena y repugnancia infinita, en seguida.

Diligentes, presurosos, salieron a defender la arepa…todos a una como en Fuente Ovejuna. Sin fisuras, con entusiasmo y determinación todos y todas emprendieron la asquerosa tarea: usar la profesión para golpear con saña personas e instituciones republicanas, asediar familiares, manipular, montar con frialdad un teatro de miserias, juzgar, condenar, sentenciar, sin misericordia ni apelación posible, todo para absolver al imputado jefe, todo para defender la arepa. ¡Qué mala impresión dan!

Sin embargo, hay quienes, en este desfile carnavalesco de miserias humanas, saltan, gritan, gesticulan y llaman con fuerza la atención del jefe, más duro y más alto que otros. ¡Mírame! ¡Aquí estoy! ¡Mi caramelito..aquí es, aquí es!. Son aquellos que quieren destacarse, que golpean la puerta del club de sus sueños hasta que los dejen entrar al grupo. ¡No entrarán nunca, pero como lo intentan!. En el caso objeto de esta nota me refiero a la parejita de periodistas que abren las mañanas en el programa Primera Página. Allí, ayer viernes, el servilismo del caballero lo llevó a las puertas del delito, según creo.

Se ofreció como testigo para desmentir la supuesta reunión de su jefe, Alberto Federico Ravell, en una reunión en casa del banquero Tobías Carrero, donde supuestamente se habría acordado sobornar a una jueza. Todo bien, salvo porque, ensañados contra un despiste de Nicolás Maduro, -¡imperdonable!- respecto del día de la reunión, este periodista afirmó algo que previamente había declarado su jefe y ponía en evidencia la mentira.

El presidente de la Asamblea Nacional declaró que la reunión tuvo lugar el día lunes en horas de la noche con la presencia de Nelson Mezherane. Es evidente que este señor no podía haber estado en esa reunión porque a esas horas estaba detenido en la DISIP. Maduro, -confundido- asomó dos posibilidades: que la reunión fuera el domingo, o que en la reunión no estuviera Mezherane sino representantes suyos. Todo indica que la reunión se celebró y en eso fue determinante Maduro. Eso lo saben quienes estuvieron, del mismo modo que saben que no podrán negarla, siendo la clave de la cuestión más allá del descuido de Maduro.

Sin embargo, el chispoteo de Maduro fue, violenta, aunque torpemente aprovechado, por el propio Alberto Federico, quien apareció en su canal, -¡que para eso es su director!-, demudado, desencajado, desafiante y nervioso, casi gritando que él no podía estar en la reunión porque “el domingo en la noche tenía más de 200 testigos que estuvieron con él preparando la pre-venta del canal”, para rematar el ataque de histeria amenazando con reunirse, no una sino cuantas veces le diera la gana hasta sacar a su socio, amigo y hermano de la cárcel. Del lunes no dijo nada. Para el lunes pareciera no tener coartada. Hizo hincapié en el domingo. La preparación para la pre-venta de marras había sido el domingo en la noche y el error de Maduro se la sirvió en bandeja de plata.

Bien, vean ustedes, el lunes en la mañana, el señor periodista, al abrir Primera Página, se ofreció como testigo de que su jefe no había podido estar en la reunión porque “el lunes en la noche estuve con él en la preparación de la pre-venta”. Es un hecho comunicacional incuestionable, la pre-venta no fue el lunes sino el domingo según el propio Ravell. En Maduro, su error puede haber sido un imperdonable descuido, en todo caso la investigación lo establecerá.

Algo que no debió pasar, pero… ¿lo es también en el señor periodista?, ¿Es un descuido o algo más serio?. ¿Se equivocó o está ofreciendo falso testimonio en un caso tan horrible como el asesinato del fiscal Danilo Anderson?. Esto está gravado en vídeo y debería ser utilizado por el Ministerio Público para establecer la verdad. Este señor periodista debe ser invitado a confirmar su testimonio. ¿La organización de la pre-venta fue el domingo, como dice su jefe, o el lunes, como dice usted?. La cosa es seria señor periodista. Uno de los dos miente, usted o su jefe.