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Derechos humanos: cinismo a pulso

Como era de esperar, no porque la defenestrada e inmoral Comisión de la ONU para los Derechos Humanos fuese sustituida por un Consejo relativo a tan sensibles asuntos, terminarían de raíz los desmanes de aquellos quienes nunca se juzgan a sí, pero son “expertos” en medir a cualquiera que se le ponga a tiro.

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Si bien la lucha cambió de escenario, y el tablado hasta de nombre, no dejó de ser lucha, porque quienes por un instante se replegaron, resultan demasiado prepotentes e insolentes como para quedarse con el golpe sin intentar la riposta.

Desde la tribuna del Consejo vuelven a sonar las condenas contra el resto del mundo, sin que los oradores pulcros y estirados coloquen siquiera la vista sobre sus propias realidades, y lo que es peor, sobre sus propios pecados.

Parecería, por ejemplo, que un derecho tan elemental como el de trabajar, no le fuese hoy negado a diez de cada cien norteamericanos y a más de 80 millones de europeos.

O que las dos devastadoras guerras de esta época, la de Iraq y Afganistán, sean protagonizadas por ejércitos de extraterrestres, y no por tropas estadounidenses y de sus aliados de la OTAN, prestos a permanentes “errores de cálculo” los cuales invariablemente terminan con los horrorosos “daños colaterales”.

Es decir, léase muerte de civiles inocentes bombardeados sin tregua desde el aire o destrozados por la nerviosa metralla de las unidades terrestres.

Parecería además, y seguimos con la lista, que nadie en el Norte poderoso se acuerda del trasiego a escondidas de “combatientes enemigos” por no pocos aeropuertos europeos y norteamericanos, o de las cárceles secretas instituidas en sótanos de bases militares, barcos de guerra o rincones apartados de algunas de esas “preclaras” naciones.

Ellos son, al fin y al cabo, los ricos. ¡Ah!, y por cierto, nada de hablar sobre cómo llegaron a ser los opulentos globales. Sería destapar la olla para que amerindios, africanos, árabes o asiáticos, contaran las historias de coloniaje, saqueo de recursos, masacre de tribus y civilizaciones ajenas, esclavitud y de posesión violenta de tierras a cuenta de los “incivilizados”.

Nada, que en eso de respeto al ser humano, el verdadero por supuesto, debía pesar como para condenarlos al silencio por largos decenios… sin embargo, tienen aún el cinismo de atacar, criticar, calificar, bloquear, agredir, guerrear, destruir el medio ambiente, saquear a ajenos y seguir elevando la lista de muertes y desgracias ajenas a su cuenta.

Agencia Cubana de Noticias

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