Cuando le pido que se defina a sí mismo, Joaquín Serrano se remite al nombre del cuadro con el que fue premiado en el Salón Internacional y afirma: “Yo soy artista porque quizás soy eso: un “terrorista sin vocación” al que le tocó asumir ese papel desde las artes, desde la pintura y que, desde esta perspectiva, trato de hacer una propuesta que tenga relación con el contexto en el que estoy desarrollando mi trabajo, puesto que empecé como autodidacta, después tuve que formarme y actualmente, junto con el ejercicio de la pintura, desempeño la cátedra en la Universidad Católica, en la Universidad Jefferson y en La Escuela Politécnica, en las cuales dicto materias relacionadas con el campo de las artes y vinculadas a las carreras de diseño, diseño gráfico y artes visuales”. Como pintor, este polémico artista trata de encontrar una tendencia que le ubique en la escena contemporánea, en la problemática actual, dentro del contexto internacional, nacional y local, inclusive con esas pequeñas cosas que pasan día a día y que tienen su lado estético para ser cultivado en el campo de la pintura, específicamente. Respecto a su visión del estado actual de la pintura ecuatoriana, manifiesta: :“yo lo veo muy crítico, porque cada vez se habla más de arte y menos de pintura, se habla más de arte y menos de artistas, se habla más de arte y menos de propuestas. Los que han asumido el rol de promocionar el arte contemporáneo se han especializado en decir lo que no debe ser el arte contemporáneo, pero no son claros en decir qué mismo es lo que persiguen con el concepto que ellos tiene sobre ese tema. Eso es peligroso porque crea confusión, sobre todo en los artistas de las generaciones más jóvenes que realizan una obra que no tiene nada que ver con su propio contexto ni con la evolución del proceso que ellos tienen como individuos, como seres que son parte de un medio social, sino que terminan asumiendo la política o el pensamiento del crítico que está de moda y que les dice qué está bien o qué está mal. Hay personas que han tomado la batuta de la crítica del arte contemporáneo, especialmente en Guayaquil, y que piensan que su visión es la única que debe existir; y esto, para las personas que tenemos un criterio formado (o deformado) sabemos que es algo que no pasa, porque en el ámbito de lo real todo es relativo y depende del punto de vista con que se lo mire. Desgraciadamente esto no está claro para los jóvenes que, inclusive, han ganado premios en eventos nacionales o locales y que sin embargo no tienen una obra original, sino que es una obra que va de acuerdo al discurso de moda que trata de imponer el crítico, discurso que va marcando esa línea de pensamiento que deslinda la producción artística del pensamiento del creador”. Siguiendo con esta reflexión, Joaquín cree que “la pintura o cualquier otra producción artística es un producto cultural y, por lo tanto, al igual que cualquier cosa que hace el ser humano, es algo que debe identificarse o debe responder a un contexto y no puede ser simplemente el resultado de una mente brillante, de un tipo que inventó el agua tibia o que se inspiró en una noche de luna y saca su cosa de manera gratuita; justamente, ese tipo de arte es el que se trata de promover desde los espacios convencionales: un arte inocuo, que quiere hacernos creer que aquí no pasa nada, que aquí también hacemos cosas que están al orden del día, cuando en realidad tenemos una vida que no se pone al orden del día, una realidad que no está al orden del día, un medio que no está al orden del día; sin embargo queremos mostrarle al mundo que nuestro arte contemporáneo también es parte de ese concepto de globalización que quiere uniformarnos. Yo creo que no es así, que eso con el tiempo va a caer por su propio peso, pero para que eso suceda es necesario que haya un debate; yo celebro el espacio que tiene OPCION para la cultura y creo que deben multiplicarse ese tipo de espacios que le permiten tener al lector, a la comunidad o simplemente a los interesados en el arte y la cultura, una esquina diferente desde donde abordar la escena del debate sobre el arte contemporáneo”. Apasionado y “terrorista”, como él mismo se califica, Joaquín Serrano cree que en el Ecuador debe olvidarse la moda de crear un arte de elite o postmodernista; piensa que primero debe entenderse que el país ha entrado en un proceso de reconocimiento de que es plurinacional y multicultural y que, por lo tanto, ya no podemos seguir hablando de “la cultura” sino de las culturas, porque además: “eso de la cultura se torna en la apreciación de lo que es “lo culto”, una apreciación retrógrada, propia del siglo XVIII, en donde se hablaba del buen comportamiento social, de las buenas costumbres, etc., y en los actuales momentos nos hemos dado cuenta de que la cultura del país se enriquece con todas las manifestaciones del conglomerado social que conforman lo nacional: los kichwas, los negros, los mestizos, los shuaras, etc., es decir debemos comprender que somos multiculturales y que cada cultura es susceptible de crear su propias propuestas artísticas y estéticas; de esto tienen que estar conscientes los críticos que abundan en los medios de comunicación y que tratan de imponer su criterio, deben aceptar que todo es relativo y que ellos deben hacer también el ejercicio de aprender algo más sobre el arte y las manifestaciones culturales y los diferentes pensamientos que tiene el hombre actual”. Sobre las aptitudes y las capacidades que debe tener el artista contemporáneo, Joaquín Serrano, asegura que “El artista de nuestra época debe tener un conocimiento más amplio, más un universal, debe ser un investigador, que se preocupe del pensamiento y de los cambios sociales que se están dando en los actuales momentos, una persona bien informada para poder contrarrestar la avalancha desinformativa o deformativa que proviene de los medios o de las instituciones que representan una propuesta cultural de elite; ‘la educación nos hará libres”, dijo alguien en un momento dado, y eso pasa en el arte, si tenemos artistas que dejaron de creer en sus ideas, en el pensamiento que nace de ellos mismos y que no tienen fortaleza para mantenerlo, vamos a tener artistas que posean mucha habilidad, pero que terminan siendo comodines para el arte de elite, es decir, personas que han llegado a donde se los ha querido poner y no en donde ellos se han propuesto llegar”. ¿Un mensaje para los pintores jóvenes? “Bueno, lo que yo siempre digo a mis alumnos: el artista, el pintor, debe ser original; hay una cosa que siempre me pega en la cabeza cada vez que pienso en la originalidad, es la frase de Gaudí que dijo, “ para ser original hay que volver a los orígenes”; por lo mismo, en un medio globalizado, invadido constantemente por los medios de comunicación que pretenden hacer una moda de todo, si no volvemos a buscar la originalidad en nuestros propios orígenes corremos el riesgo de ser clones de un discurso vigente en el mundo y que se repite como un eco vacío, sin ningún resultado y al que debemos contrarrestar buscando nuestros orígenes, es decir, buscando la originalidad desde las raíces”.