Oswaldo Rodríguez es un uruguayo de sesenta y seis años, que vino a Quito en busca de una aventura interesante luego de jubilarse, esto devino en la idea de poner una librería de libros “viejos”, sin ánimo de crear una empresa, sino para tener un lugar para estar con amigos, es decir, seguir en su oficio de librero. Para ello se asoció con Edgar Freire Rubio, el clásico librero quiteño que ahora, también jubilado, está viviendo a plenitud su amor por los libros y por la cultura.

-¿Desde cuando este oficio?
- “Desde hace cincuenta años, alternadamente, he estado vinculado con los libros y las editoriales, tanto en Uruguay como en Argentina, en la producción, venta y difusión, siempre en contacto con el libro”.

- ¿Cómo es el proceso de selección de los libros que compra y vende?
- “En la compra generalmente es difícil poder seleccionar porque te ofrecen en venta ya sea bibliotecas enteras o grupos de libros, no hay ninguna opción de selección: o compro todo o no compro, entonces se clasifica lo que es bueno, lo regular y lo malo, tenemos que elegir bien lo que vamos a exhibir, porque no podemos presentar cualquier cosa, hay que ofrecer el material que creemos que la gente va a aceptar y que le va a gustar”.

- ¿En qué se basa para escoger los libros?
- “Se busca autores, títulos, traducciones, ediciones, de acuerdo a la línea en la que queremos trabajar, eso es lo que decidimos con Edgar, trabajar en lo académico, sobre todo ecuatoriano, ya sea dentro de lo científico, lo literario, la historia, la política, la filosofía, no en términos generales, porque lo que nos interesa es resaltar lo ecuatoriano y lo latinoamericano”.
- ¿Es una sociedad con Edgar Freire?
- Bueno, es una sociedad moral con Edgar Freire, los dos estamos peleándole día a día, tratando de sacar adelante ideas, cosas, actividades, es más importante que cualquier otro tipo de sociedad que se rompe fácilmente, esta sociedad es más segura porque se basa en la amistad, en la confianza mutua y, sobre todo, en la seguridad de que es acertado lo que estamos haciendo, además de la gran esperanza y expectativa que tenemos; este es nuestro jubileo tanto para Edgar como para mí, es un poco salir de la presión del horario obligado, ahora podemos trabajar doce horas al día, porque estamos trabajando para algo que nos gusta, él en lo suyo y yo en lo mío, Edgar trabaja en lo que le gusta, escribir, investigar, esto es lo que nos merecemos después de tantos años en esta actividad”.

- ¿Hay alguna preferencia, por ejemplo libros ecuatorianos o latinoamericanos solamente?
- “Naturalmente vamos a privilegiar el libro ecuatoriano y el latinoamericano, pero hay asignaturas como derecho, filosofía, que requieren de un gran espectro por su tendencia propiamente dicha, no se puede ignorar la filosofía alemana ni la filosofía clásica francesa, pero si podemos trabajar exclusivamente en la literatura ecuatoriana y latinoamericana, eso es lo que vamos a hacer, excepto como es natural los clásicos con- temporáneos, tanto mundiales como latinoamericanos”.

-¿Para adquirir los libros y para exponerlos y venderlos, se escogen temas especiales o se generaliza? -“Naturalmente, no se tiene todo mezclado, se expone de acuerdo a la temática, hay secciones de literatura ecuatoriana y latinoamericana, historia del pensamiento, derecho, es decir en los escaparates están diferenciados los temas aunque sea por hileras, no está todo mezclado, pero sí tenemos bien definidas algunas secciones, para dar facilidad al cliente, para que pueda encontrar lo que desea, por eso hay que exhibir todo lo que se tiene. Este es un negocio muy lindo, muy franco, aquí no hay secretos, hay diferencias con las grandes librerías, en ellas se dan otras posibilidades al cliente y por lo mismo tienen más gastos que las pequeñas librerías, en las cuales el contacto con el cliente es más cercano, más coloquial; el cliente también es diferente, acude con otra mentalidad, nosotros tratamos de captar al cliente de cualquier tendencia, no ofrecemos el libro nuevo, la última novedad, tenemos clientes que vienen buscando el libro, oliendo el libro viejo, y eso es lo que nos interesa: la gente que le gusta el libro, no solamente leer, porque leer también es un oficio, el cliente que viene acá, con otros intereses: buscando el tema exclusivo, la edición especial, la obra especial, es decir que acá viene la gente que quiere algo exclusivo, raro. Sin embargo, nosotros aspiramos a que esto se amplíe”.

-¿Cuál es la mayor demanda en cuanto a temas?
- “Tenemos dos demandas, la una es literatura y la otra historia, literatura e historia del Ecuador; también hay la tendencia a buscar lo clásico, el público que acude a nuestra librería por lo general viene a buscar el libro especial, una primera edición, un tema exclusivo; es una librería a la que la gente puede venir no solo a comprar, sino a mirar, escoger, sentarse a leer, conversar, servirse un caramelo, tranquilo, cómodo, sin que nadie le moleste, eso es lo que les ofrecemos nosotros; naturalmente, lo que nosotros queremos es vender, pero no es obligación entrar y comprar, en nuestra librería hay un espacio que propicia la charla, aquí se encuentra un ambiente agradable para estar, para intercambiar ideas e inquietudes”.

-¿Cómo se sienten ustedes en este negocio?
- “Bueno, después de trabajar treinta o cuarenta años, estamos haciendo ahora, en primer lugar, lo que nos gusta, cosa que lo merecemos después de tantos años en contacto con el libro, y estamos, además, dando un poco de lo que tenemos para difundir la cultura, somos trabajadores de la cultura. Una de nuestras aspiraciones es lograr que en este local, aunque pequeño, se realicen actos culturales: coloquios, lectura de textos, recitales de poesía, no será una actividad multitudinaria, sino mejor una cosa recoleta, más intimista, porque nuestro interés es juntar a la gente con ideas diferentes, pero con objetivos parecidos, lo que nos interesa es tener amigos, hacer amigos, queremos que esto sea el hogar del lector...