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De izquierda a derecha: Paul Wolfowitz nombrado recientemente nuevo director del Banco Mundial, Donald Rumsfeld y el presidente George W. Bush.

Durante los años 90, aún cuando el presidente Clinton y los partidarios de un Imperio económico habían apostado por una política de «containment» de Irak, la familia Bush y los partidarios del Imperio militar se pronunciaban, al contrario, por el derrocamiento de Saddam Hussein. Estos últimos perseguían tres objetivos:

- El control del acceso a los recursos petroleros para contar con un medio de presión sobre los consumidores europeos (doctrina Kissinger);

- Obligar a los europeos a renunciar a una política exterior independiente implicándolos en un conflicto que escapa a el control de estos (doctrina Wolfowitz);

- Remodelar el Medio Oriente desmantelando Irak, como se hizo con Yugoslavia, deportando a los palestinos hacia ese país y privatizando los bienes del Estado iraquí (doctrina Perle).

1998: las ambiciones del PNAC en cuanto a Irak

Los partidarios de la ofensiva se agruparon en el seno del Proyecto para un Nuevo Siglo Norteamericano (Project for a New American Century - PNAC), un think tank [1] que sirvió después para elaborar el programa electoral que George W. Bush presentó a los donantes de fondos para su campaña. La campaña de los defensores de la ofensiva comenzó por una carta abierta al presidente Clinton, el 26 de enero de 1998 [2].

El PNAC se interroga en ese documento sobre la posible reanudación del programa iraquí de armas de destrucción masiva. La carta describe como ineficaces los procedimientos de inspección de la ONU y propone, por consiguiente, no tratar de reactivarlos sino tomar iniciativas militares sin esperar una unanimidad imposible de alcanzar en el Consejo de Seguridad de la ONU.

El texto lleva las firmas de 18 personalidades, como Elliot Abrams, Richard L. Armitage, John Bolton, Francis Fukuyama, Robert Kagan, Zalmay Khalilzad, William Bristol, Richard Perle, Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz y James Woolsey.

Esas presiones no hacen mella en Bill Clinton, sobre todo teniendo en cuenta que, el 23 de febrero, el secretario general de la ONU Kofi Annan firma un acuerdo con Irak para planificar nuevas inspecciones. Tomando nota de la buena voluntad iraquí, la Casa Blanca ordena una retirada parcial de las fuerzas estadounidenses en la región.

El PNAC reacciona fuertemente. Envía una carta al presidente republicano de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, y al presidente del grupo republicano en el Senado, Trent Lott, el 29 de mayo de 1998 [3]. La asociación califica la política de Bill Clinton de «capitulación ante Saddam Hussein» afirmando además que significa «un golpe incalculable al liderazgo y la credibilidad norteamericanas». Propone entonces acusar al dictador de crímenes de guerra para quitarle legitimidad, actuar para derrocarlo reconociendo desde ese momento un gobierno provisional iraquí y prepararse para hacer uso de la fuerza en la región.

Estos excesos verbales no hubieran tenido mayores consecuencias si, el 5 de agosto de 1998, Irak no hubiese puesto fin a su cooperación con los inspectores de la ONU. El presidente Clinton lanza una entonces una advertencia a Saddam Hussein. El PNAC aprovecha la coyuntura para intensificar su cabildeo (lobby) en el seno del Congreso.

Durante una audiencia ante el Senado, el opositor iraquí exilado Ahmed Chalabi logra convencer a los parlamentarios US de que Saddam Hussein puede ser derrocado por la oposición, sin que los soldados estadounidenses tengan que intervenir.

Declara: «Pongan a la disposición del Congreso Nacional Iraquí (Iraqi National Congreso - INC) una base que este protegida de los tanques de Saddam Hussein, proporciónennos el apoyo temporal que necesitamos para alimentar, dar abrigo y curar a la población liberada, y les daremos un Irak libre, un Irak sin armas de destrucción masiva y un Irak con mercado libre. ¿Qué más se puede pedir? El INC hará todo eso de gratis.» [4].

Encantados, los congresistas aprueban la ley sobre la liberación de Irak [5]. Para financiar los servicios «gratuitos» del INC, el Congreso asigna dos millones de dólares a los programas de propaganda por intermedio de la US Information Agency (USAID) y 97 millones de dólares para el entrenamiento militar y el armamento de los rebeldes.

Estimando que la guerra civil es un remedio peor que la enfermedad y que desestabilizaría toda la región, Bill Clinton no utilizó nunca esos créditos más que para dar cursos de derecho internacional a 90 miembros del INC. Sin embargo, asignó, mediante otra línea presupuestaria, 12 millones de dólares de ayuda humanitaria para la población iraquí que fueron entregados al INC [6].

Aunque consiguió de momento el apoyo una mayoría en el Congreso, la ley sobre la liberación de Irak fue duramente criticada por la elite política. En un artículo de gran resonancia, los analistas de Foreign Affairs, la revista del muy consensual Consejo de Relaciones Exteriores (Council for Foreign Relations), califican las sugerencias del PNAC de «parcializadas» y el proyecto de derrocamiento interno de Saddam Hussein de «sueño» [7].

Los autores señalan que la aventura que imagina el PNAC recuerda extrañamente el proyecto de armar a la oposición cubana para derrocar a Fidel Castro, plan que terminó en el fracaso de Bahía de Cochinos.

La comparación está llena de referencias. En efecto, el cabildeo público incluye un aspecto secreto. El ex-director de la CIA James Woolsey se ha convertido en la mano que maneja al Congreso Nacional Iraquí. Woolsey ejerce su influencia sobre la composición de las instancias del INC, aconseja a sus dirigentes, les proporciona «padrinos» que los financien. Mientras tanto, el general retirado Wayne Downing -ex-jefe de las fuerzas especiales- organiza «cursos» para los futuros combatientes.

Numerosos agentes británicos del stay behind y el servicio secreto de la OTAN intervienen en tales acciones, lo cual desagrada a la CIA que considera que estos opositores son simples aventureros de salón y que Ahmed Chalabi no es más que un vulgar estafador manipulado por Woolsey desde hace más de diez años.

Principios de 2001: una prioridad del mandato de George W. Bush

El 10 de enero de 2001, o sea unos diez días antes de su investidura, el nuevo presidente George W. Bush y su equipo se presentan en el Pentágono para ser puestos al corriente de los principales asuntos por el equipo saliente [8]. La reunión se desarrolla a puertas cerradas, en una sala especialmente protegida, y dura una hora y quince minutos. Desdeñando otros temas, George W. Bush concentra sus preguntas en Irak, dejando entender claramente que el derrocamiento del régimen de Bagdad será una prioridad de su mandato.

En los días que siguen, George W. Bush autoriza oficialmente al INC a utilizar las zonas «de exclusión aérea» como bases de retaguardia para la realización de acciones de comandos contra el régimen en el resto del país [9].

Esta decisión es presentada como un «cambio total de la política norteamericana». En efecto, si los anglosajones han desmilitarizado el tercio norte y el tercio sur de Irak para impedir que Saddam Hussein pueda reprimir a su propia población, el objetivo no era, en principio, albergar allí un ejército listo a atacar Bagdad.

Esta decisión manifiesta sobre todo la voluntad de Washington de librar una guerra enviando al combate las tropas de otros. La agencia de prensa UPI revela que los «chicos» del general Wayne Downing [10] van a entrenarse al fin -con el dinero del contribuyente estadounidense- en College Station (Texas) [11].

A partir de ese momento, se arma rápidamente el dispositivo. Por un lado, debilitar lo más posible a Bagdad, tanto económicamente como en el plano de la propaganda. W. Bush ordena a Richard Hass, director de la planificación en el Departamento de Estado, que estudie cómo reforzar el embargo [12].

Mientras, las informaciones más increíbles son puestas a la disposición de una prensa particularmente crédula. En Londres, el Sunday Telegraph afirma, citando a un opositor, que Saddam Hussein tiene ya dos bombas atómicas [13]. La propia Casa Blanca lanza, sin pruebas, acusaciones según las cuales China y Yugoslavia estarían facilitando los planes armamentistas iraquíes.

Por otro lado, se busca acentuar la vulnerabilidad de Bagdad en el plano militar. George W. Bush ordena la reanudación de los bombardeos, después de dos años de paz [14]. Las fuerzas anglo-norteamericanas destruyen radares en los alrededores de Bagdad con el fin de facilitar las incursiones de las fuerzas especiales.

Francia y Egipto condenan inmediatamente esa iniciativa, mientras que Arabia Saudita y Kuwait, países que la prensa acusa de haber prestado ayuda logística, desmienten toda participación en los ataques aéreos.

El 1º de febrero, el Consejo Nacional de Seguridad examina el plan político-militar sobre el Irak que será construido después del derrocamiento de Saddam Hussein [15].

Al no estar ligado el ataque contra a Irak a consideraciones locales sino a una estrategia global, la planificación de este no esperó la aparición de un pretexto en particular. Desde su llegada misma a la Casa Blanca, George W. Bush dio instrucciones para que se implantaran bases militares norteamericanas que permitieran rodear Irak e Irán mientras que el Estado Mayor conjunto organizaba simulacros de ataques contra ambos Estados.

El vicepresidente Dick Cheney negoció él mismo, a principios de 2001, la implantación de bases militares norteamericanas en Kirguizistán y Uzbekistán en el marco del desarrollo de los acuerdos Central Asia Battalion (CENTRASBAT) de la Comunidad de Asia Central [16], acuerdos concluidos inicialmente para entrenar en Estados Unidos las tropas especiales locales con el objetivo de reprimir a los opositores islámicos.

La existencia de esas bases será revelada después de los atentados de septiembre de 2001 y presentada como un apoyo para el ataque contra Afganistán. Esto es evidentemente falso ya que la construcción de las bases comenzó antes de los atentados aunque no había avanzado lo suficiente como para que fueran operativas durante la campaña de Afganistán.

Finales de 2001: ahí está el terrorismo, llegó el momento

La orden de preparar el ataque contra Irak fue firmada por el presidente George W. Bush el 17 de septiembre de 2001, o sea seis días después de los atentados de New York y Washington. Tenía la forma de una simple nota al pie de una página en la directiva presidencial relacionada con el ataque contra Afganistán y la guerra contra el terrorismo [17].

En aquel momento, George W. Bush no había mencionado nunca, en su condición de presidente de Estados Unidos, la posibilidad de una guerra contra Irak ni había presentado a sus conciudadanos estadounidenses la menor justificación para tal conflicto.

El general Kenneth L. Privratsky, al mando del centro de gestión del transporte militar (Military Traffic Management Command - MTMC), recibió la orden actualizar el aspecto logístico del plan de operación 1003 (OPLAN-1003-98) y de incluir en este el equipamiento de las bases norteamericanas en construcción en Kirguizistán, en Kazajstán y en Uzbekistán así como el transporte de las tropas.

Se calculó que, en el momento cumbre de la guerra, el aprovisionamiento de las fuerzas estadounidenses en la región alcanzaría las 60,000 toneladas diarias de material. Ante la imposibilidad de satisfacer tales necesidades (se necesitarían 5,000 aviones de carga del tipo Hercules C-130 cuando Estados Unidos dispone solamente de una treintena de escuadrones de transporte), el general Privratsky recibió la orden de comenzar a instalar la logística [18].

Sin pedir la autorización de sus aliados, el Pentágono adquirió materiales y estableció transportes marítimos a partir de los puertos alemanes, holandeses y rusos (en el Ártico, el Mar Negro y Vladivostok). Se establecieron puentes aéreos utilizando las bases norteamericanas en Bahrein, los Emiratos Árabes Unidos, Omán, Arabia Saudita y Turquía. Los británicos fueron los únicos en ser consultados en cuanto al uso de la base norteamericana de la isla de Diego García. Ante las dificultades del transporte terrestre en Rusia, el MTMC fue autorizado a financiar la modernización de las vías férreas del sur de ese país.

2002: ensayo general

Los preparativos del ataque contra Irak dieron lugar a las maniobras militares más grandes de la historia: «Desafío del Milenio 2002» (Millenium Challenge 2002) [19]. Este juego de guerra combinaba maniobras reales y simulaciones en sala de Estado Mayor gracias a medios tecnológicos utilizados en Hollywood para la película Gladiator.

Del 24 de julio al 15 de agosto de 2002, 13,500 hombres -incluyendo la XVIII división aerotransportada del general Ann Dunwoody- fueron movilizados. Las islas de San Nicola y San Clemente, frente a las costas de California, y el desierto de Nevada habían sido evacuados con vistas a su uso como teatro de operaciones. Este derroche de medios exigió un presupuesto de 235 millones de dólares.

De formas más satisfactoria, se puso a prueba la eficacia del cuartel general móvil del Comando Central (CENTCOM) durante las maniobras «Mirada Interior» (Internal Look) que se desarrollaron del 9 al 17 de diciembre de 2002 en varios Estados del Golfo Arábigo-Pérsico. Ese centro de comando táctico (Tactical Operation Center - TOC) se compone de contenedores concebidos para ser transportados por avión.

Lo fabricó Raytheon en la instalación industrial de Saint-Petersbourg, en la Florida (EEUU). En realidad, la entrega de este centro se retrasó gravemente por problemas de concepción electrónica, las maniobras tuvieron que ser pospuestas por dos meses y, por consiguiente, la guerra también. Los módulos, que incluyen salas repletas de material informático, por fin pudieron ser ensamblados en tres semanas en la base de Al Sayliyah, en Qatar.

El sistema está conectado vía satélite al Comando Central, que se encuentra en la base de MacDill, en Tampa (Florida). Esto permite no solamente monitorear el conjunto de fuerzas presentes en el teatro de operaciones sino también realizar videoconferencias entre los diferentes cuarteles generales mediante la utilización de canales seguros.

2003: neutralización de la ONU y de la opinión mundial

Mientras que el dispositivo se despliega inexorablemente, un montaje mediático y diplomático fabrica meticulosamente el pretexto para la guerra: la propaganda estadounidense desacredita el trabajo de los inspectores de la ONU encargados de verificar el desarme de Irak e inventa después una supuesta amenaza.

Responsables del Pentágono explican, a puertas cerradas, ante la mayoría de los senadores que Saddam Hussein dispone de drones [Aviones sin piloto dirigidos por control remoto. Nota del Traductor] capaces de atacar la costa este de Estados Unidos con armas biológicas o químicas. El Departamento de Seguridad de la Patria alerta a la población y exhorta a cada familia a prepararse para la guerra acumulando provisiones y equipándose con el material adecuado [20].

El gobierno de Sharon distribuye máscaras antigases y un equipamiento de supervivencia a la población israelí mientras que Tony Blair afirma que el arsenal iraquí puede ser puesto en posición de ataque en 45 minutos.

Para neutralizar a la ONU, Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia no vacilan en recurrir a todo tipo de acciones ilegales. Estos países establecen un sistema de espionaje electrónico de las comunicaciones del secretario general de la ONU, de sus inspectores en desarme y de las diferentes delegaciones diplomáticas de los países miembros del Consejo de Seguridad [21].

El secretario de Estado, Colin L. Powell, pronuncia personalmente un largo discurso ante el Consejo de Seguridad profiriendo con aplomo las mentiras más descaradas [22].

Mientras tanto, como si los crímenes de Saddam Hussein no bastaran, la propaganda convierte al déspota de Bagdad en un nuevo Hitler [23]. Se le presenta como el único responsable de la guerra contra Irán, guerra que emprendió sin embargo por cuenta de Estados Unidos contra la revolución de Khomeiny, y de la guerra contra Kuwait, país que el propio Washington le impulsó a anexar.

Se le atribuyen todo tipo de crímenes, incluso el de genocidio. El drama de Halabja, provocado por el desplazamiento de gases de combate durante el transcurso de una batalla, es presentado como una masacre deliberada de civiles kurdos [24].

En definitiva, el presidente George W. Bush anuncia, el 19 de marzo de 2003 que la guerra ha comenzado: «Las fuerzas de Estados Unidos y de la coalición se encuentran en la primera fase de operaciones militares destinadas a desarmar Irak, a liberar a su pueblo y a defender el mundo de un gran peligro» [25].

En realidad, no hay armas de destrucción masiva que confiscar en Irak, derrocar un tirano para colonizar un país no es una misión liberadora y el mundo no corría ningún peligro. La operación se había decidido hacia cinco años y los preparativos estaban en marcha desde entonces.

[1] Centro de investigación, de propaganda y divulgación de ideas, generalmente de carácter político. Nota del Traductor

[2] Cf. Open Letter to President Clinton, PNAC, 26 de enero de 1998.

[3] Cf. Open Letter to Newt Gingrich and Trent Lott, PNAC, 29 de mayo de 1998.

[4] Audiencias de Ahmed Chalabi, Richard Hass, Zalmay Khalilzad y James Woolsey: Can Saddam Be Overthown? Senate Committee on Foreign Relations, Subcommittee on Near Eastern and South Asian Affairs, 105th Congress, 2d Session, 2 de marzo de 1998.

[5] Iraq Liberation Act, S. 2525, 105th Congress, 2d Session, 29 de septiembre de 1998.

[6] «U.S. Gives Go-Ahead To Iraqi Opposition» por John Lancaster, in Washington Post del 14 de enero de 2001.

[7] «The Rollback Fantasy» por Daniel Byman, Kenneth Pollack y Gideon Rose, Foreign Affairs, enero-febrero de 1999.

[8] «Pentagon Briefs Bush on Iraq» por Eric Schmitt y James Dao, in New York Times del 10 de enero de 2001.

[9] «Iraqi Foes to Get Aid from U.S.» por Alan Sipress, in Washington Post del 2 de febrero de 2001.

[10] Wayne Downing se convertirá en jefe de la lucha antiterrorista después del 11 de septiembre de 2001.

[11] Iraqi Rebels to Get Special Weapons por Eli J. Lake, UPI, 12 de febrero de 2001.

[12] «Powell’s Staff to Look at Iraq», in Washington Post del 26 de enero de 2001.

[13] «Saddam Has Made Two Atomic Bombs» por Jessica Berry, in Sunday Telegraph del 29 de enero de 2001.

[14] «Nouvelles opérations américano-britanniques en Irak» por Patrice de Beer, in Le Monde del 19 de febrero de 2001.

[15] Cf. Memorando dirigido al secretario Paul O’Neill, 31 de enero de 2001.

[16] El 28 de diciembre de 2001, la Comunidad Económica de Asia Central se convierte en la Organización de Cooperación de Asia Central (Central Asian Cooperation Organization - CACO) a la que pertenece actualmente Tayikistán. El uzbeco Islam Karimov es el presidente de esta organización.

[17] «U.S. Decision On Iraq Has Puzzling Past» por Glenn Kessler, in Washington Post del 12 de enero de 2003.

[18] El general Privratsky se retiró el 17 de octubre de 2002. Fue reemplazado por el brigadier general Ann Dunwoody, que comanda hasta la fecha la XVIII división aerotransportada de Fort Bragg.

[19] Cf. La grande simulation de la guerre en Irak,(Simulación de la guerra en Irak), texto en francés, Apocalypse Tomorrow por Tom Saint-Pierre, in reseauvoltaire.net del 26 de septiembre de 2002.

[20] Lea, texto en francés: Opérations psychologiques: conditionnement des familles états-uniennes, por Jack Naffair, reseauvoltaire.net, 19 de febrero de 2003.

[21] Cf. Washington et Londres placent l’ONU sur écoutes texto en francés, por Thom Saint-Pierre, reseauvoltaire.net, 4 de marzo de 2003.

[22] Cf. En francés: Discours intégral de Colin L. Powell sur la menace irakienne au Conseil de sécurité, 5 de febrero de 2003.

[23] Cf. En francés: Huit légendes médiatiques sur l’Irak por Jack Naffair, reseauvoltaire.net del 13 de marzo de 2003.

[24] Leer en francés: Crime de guerre ou acte de guerre?, resúmen de una tribuna de Stephen C. Pelletiere, in Tribunes libres internationales, reseauvoltaire.net del 31 de enero de 2003, y Blanchiment d’information: l’info qui ne gêne pas Libé por Jack Naffair, reseauvoltaire.net, 17 de febrero de 2003.

[25] Cf.En francés: Allocution du président George W. Bush, 19 de marzo de 2003.