El 10 de Agosto último hice parte en Nueva York de un singular evento: el homenaje que la Municipalidad de la gran ciudad rendía a la comunidad ecuatoriana en la fecha clásica de la Independencia, al recordar el día en que Quito se liberó, aunque fuese por poco tiempo, del dominio tiránico de España.

Número inicial del acto consistió en la entrega de galardones a siete ecuatorianos, encabezados por quien suscribe estas líneas y reside permanentemente en su patria, la República del Ecuador. Los demás, hombres y mujeres, viven en Nueva York y se han destacado en diversos campos del arte, la cultura y las relaciones humanas. Los galardones fueron entregados por el señor Hiram Monserrate, representante de Queens en el Concejo Municipal de Nueva York

Otro número especial del programa fue la posesión de la nueva Directiva de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo Internacional de Nueva York, presidida por la actriz ecuatoriana Cecill Villar, e integrada por varias personalidades, destacándose Gilberto Crespo Crespo, Presidente de la Confederación de Periodistas en el Capítulo Nueva York.

Para el autor, este era el segundo encuentro con la «Ciudad del Diablo Amarillo» , como la calificó casi un siglo atrás, por su afición al oro, el célebre novelista ruso Máximo Gorki.

El primer encuentro ocurrió en 1981, cuando el conflicto bélico ecuatoriano-peruano en las montañas de Paquisha. Entonces el autor acompañó las marchas ecuatorianas en Nueva York y Washington para exigir respeto a la soberanía de su patria y condenar el apoyo de la OEA a la agresión del militarismo peruano.

Esta vez, el escritor homenajeado destacó la inspiración que tuvieron los patriotas del 10 de Agosto en la Revolución de Independencia de los Estados Unidos y la Revolución Francesa para levantarse contra el yugo colonialista, y formuló votos por la paz y la amistad entre los pueblos, exaltando la memoria del gran poeta norteamericano Walt Whitman, cantor de la democracia y la fraternidad humana.

Por lo demás, para el visitante resultó aleccionador el contacto cercano con una realidad enorme, cual es el éxodo masivo de compatriotas en pos del sueño americano, que visiblemente ha hecho de Nueva York la tercera ciudad ecuatoriana, tras de Guayaquil y Quito, con la singularidad de que ecuatorianas y ecuatorianos inmigrantes están por todas partes y en toda clase de oficios y posiciones, añorando a la patria, tomando caldo de patas y llorando alguna vez con las canciones de JJ.

En lo que corresponde al mencionado Núcleo de la Casa de la Cultura Ecuatoriana ha resuelto asumir con brío el reto de crear un verdadero cauce en aquella megápolis, comenzando por planificar la Primera Feria del Libro Ecuatoriano en Nueva York, quizá para el cercano octubre. Feria concebida para convocar a la crecida comunidad ecuatoriana, que muchos calculan que es la segunda de origen latino después de los mexicanos.

OTRA CITA DIABÓLICA

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En vísperas de mi viaje a Nueva York, un editor de Quito me mostró un libro que acababa de conseguir: «Memorias de un gángster económico» (Ediciones Urano S.A., España, 2005), cuyo autor es John Perkins, norteamericano.

El editor me reveló que, de acuerdo a sus averiguaciones, en el Ecuador es imposible conseguir esta obra, pues cada vez que llega a una librería desaparece de inmediato. Alguien organiza la compra para impedir su circulación. ¿Quién? ¿Por qué razón?

Conocía yo parcialmente el texto por diversas publicaciones fragmentarias y entrevistas de prensa alusivas. De modo particular me motivaba la seguridad con que Perkins sostenía que dos líderes latinoamericanos, el Presidente Jaime Roldós Aguilera, y Omar Torrijos, el valeroso conductor de Panamá, fueron asesinados en 1981 por oponerse a las políticas imperiales de Washington y a la “corporatocracia”, como aquel designa a la cúpula de las multinacionales estadounidenses.

Leer estas «Memorias» es embarcarse en un tren de alta velocidad, pero en un tren de pesadillas. Así son de tenebrosas sus revelaciones, en que se conocen los métodos secretos mediante los cuales la “corporatocracia” se apodera de los destinos de las naciones débiles e incautas mediante el endeudamiento inducido a tales niveles como para que pronto les llegue el agua al cuello y no tengan otra posibilidad de salvarse sino entregando bases militares, recursos naturales como el petróleo, energía eléctrica, la construcción de megaobras como represas.

Arrastrar a los países a ese punto de asfixia es la labor de los sicarios o gángsteres económicos, como fuera el mismo Perkins durante varios años, cumpliendo órdenes oficiales camufladas a través de misiones empresariales privadas. Todo para que, si ellos fracasan, lleguen “los chacales” (los agentes de la CIA) a castigar a los gobernantes insumisos, derrocándolos o asesinándolos.

Mejor así, porque si fracasan los chacales, llega la hora de la intervención militar cuyo ejemplo descomunal es la guerra de Irak.

¿Cómo no buscar en Estados Unidos al autor de esta obra que describe con abundancia de datos e historias el infierno que padecen los pueblos dominados por tales poderes extranjeros?

¿Perkins quién es, un ángel o un demonio? El sostiene que durante años vendió su alma... al diablo imperialista.

Encontrarlo resultó más fácil de lo esperado: poco antes un familiar mío, residente en los Estados Unidos, había trabado amistad con Perkins y Winifred, su esposa.

El encuentro tuvo lugar el domingo 13 de agosto por la noche en el restaurant La Cazuela, Northtomp, Massachusetts. Participamos los cuatro y departimos a lo largo de algunas horas.

Saqué la conclusión de que en Perkins la recuperación de la conciencia social y humana es real; que al denunciar los nefastos manejos internacionales de las élites de su país, no comete un acto de traición a la patria, como adelanta malévolamente cierta crítica, sino que da un paso difícil hacia la lealtad con los pueblos y consigo mismo.

Algo parecido al gesto de Philip Agge, el ex oficial de operaciones de la CIA en el Ecuador y otros países, quien terminó denunciando a la siniestra Agencia en su célebre Diario Con Agee guardo fuerte amistad desde que le entrevisté en Inglaterra en 1975; ahora vive en La Habana y mantiene una agencia de turismo denominada Cuba Linda.

Perkins conoce el Ecuador desde hace 46 años, en que llegó como miembro del Cuerpo de Paz. Le atrae particularmente la Amazonía donde desarrollara ayer sus actividades oficiales, muchas veces secretas, y hoy mantiene actividades privadas que se vinculan a sus convicciones ecológicas y sociales.

¿Y EL MAGNICIDIO DE ROLDÓS?

A lo largo de su libro, Perkins alude repetidamente a Jaime Roldós Aguilera.

Dice: «Tenía carisma y don de gentes. Tuve oportunidad de tratarlo varias veces... Se había ganado la reputación de populista y nacionalista... En la plataforma de Roldós desempeñaba papel fundamental lo que se llamó ‘la política de hidrocarburos’. Esta política se fundamentaba en la premisa de que el mayor recurso en potencia de Ecuador era el petróleo, y de que toda explotación futura de dicho recurso tendría que realizarse de manera que aportase el máximo beneficio al más amplio porcentaje de la población. Roldós creía firmemente en la obligación estatal de ayudar a los pobres y desvalidos».

Perkins agrega un concepto y una pista importante con dirección al doble magnicidio que finalmente se produjo: «A mí me parece que Roldós seguía la senda inaugurada por Torrijos. Torrijos deseaba recuperar el Canal, mientras que la actitud enérgicamente nacionalista de Roldós amenazaba a las compañías más influyentes del mundo. Como Torrijos, Roldós tampoco era comunista, pero defendía el derecho de su país a decidir su futuro. Y también como en el caso de Torrijos, los expertos pronosticaron que los grandes negocios y Washington jamás tolerarían la presidencia de Roldós, y que caso de salir elegido tendría un final parecido al de Arbenz (que fue derrocado) en Guatemala o al de Allende en Chile».

En La Cazuela, John Perkins nos refirió que meses atrás había tomado contacto con Martha Roldós Bucaram, la hija del Presidente asesinado, quien le confirmó el crimen y le aportó el dato de que en el asesinato de sus padres (Jaime murió con su esposa Martha y su comitiva) estuvieron involucrados militares argentinos. Algo que ella nunca lo ha revelado al Ecuador, y que seguramente forma parte de las investigaciones supersecretas del hermano del presidente inmolado, el hoy candidato presidencial León Roldós Aguilera, el cual ha postulado a su sobrina Martha, ya mencionada, como candidata a diputada por la Provincia del Guayas.

Perkins nos relató esa noche que la flamante política no le responde a sus repetidos correos electrónicos, pese a su ofrecimiento de hacerlo para continuar dialogando sobre el macabro magnicidio. Es decir, tío y sobrina callan prudentemente por no despertar el avispero electoral ni dañar la plácida digestión de los poderosos autores, cómplices y encubridores. ¡Y así quieren gobernar al Ecuador en cuyo nombre murió Jaime Roldós Aguilera!

Concluido este singular encuentro –ni angelical ni diabólico- reafirmé la seguridad que siempre tuve de que en el corazón de los Estados Unidos, allí mismo, palpitan sentimientos profundos de dignidad humana y solidaridad con los pueblos del mundo.

Ya lo vimos en la guerra de Viet Nam.

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Redacción de ALTERCOM